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Pese a la reducción en el número de transacciones de inversión durante este año, la emergencia sanitaria ocasionada por la pandemia no ha parado el apetito de los inversionistas que se dedican a invertir en startups de base tecnológica.

Durante los primeros cinco meses del año el mercado de fusiones y adquisiciones en América Latina contabilizaron 680 transacciones. De acuerdo con el reporte mensual de la consultora Transactional Track Record (TTR), estas operaciones reportaron un monto cercano a los USD 1.240 millones.

Por número de operaciones, Brasil lidera el ranking de países más activos de la región con 411 operaciones; detrás se encuentra México, con 99 operaciones.

Con 67 operaciones Chile reportó una baja de 37% en número de transacciones; Colombia reportó 46 negociaciones, una baja del 56%. Argentina registró una baja de 29%, con 45 operaciones; Perú tuvo 26 operaciones una caída de 64%.

Por su parte, las compañías que más han realizado operaciones estratégicas en América Latina proceden de Norteamérica y Europa, con 102 y 76 operaciones, respectivamente”, según destacó el informe de la consultora.

México destaca en cifras de inversión en el pico de la pandemia

Uno de los datos más particulares del informe es que México destacó en número de transacciones de inversiones durante marzo y abril, los meses más críticos en cuanto a medidas de aislamiento y freno económico, en contraste con Perú, Chile y Colombia que presentaron las mayores caídas.

En lo que va de este año, el capital de riesgo invertido en México o por fondos mexicanos ha crecido 132% respecto al mismo periodo de 2019.

Frente a las fusiones y adquisiciones, el capital de inversión (Private Equity) y la adquisición de activos, el Venture Capital es el único de los sectores analizados por TTR que ha mostrado crecimiento en 2020. Solo en abril se cerraron 31 acuerdos de Venture Capital vinculados a México, con un valor total de USD 303 millones.

No obstante, buena parte de este crecimiento se debe a la inversión de USD 125 millones de SoftBank en la fintech mexicana Alphacredit, por lo que sí se ha notado una reducción sobre todo en el monto de las inversiones. La principal transacción de Venture Capital en abril fue la adquisición por parte de Bizrupt México, una plataforma estadounidense de administración de recursos humanos basada en Inteligencia Artificial por USD 650.000.

Las compañías de internet, sobre todo las dedicadas a comercio electrónico y otras tecnologías emergentes, son el sector en el que los fondos de inversión de capital de riesgo han orientado su atención.

Entre 2016 y 2019, las inversiones de Venture Capital en empresas de internet pasó de 16 a 39, con una tasa de crecimiento anual promedio de 39.78 %. A estas le siguen el sector fintech.

De acuerdo con TTR, tres de cada cuatro operaciones de capital de riesgo son transacciones transfronterizas, ya sea que fondos extranjeros inviertan en empresas mexicanas o que fondos mexicanos inviertan en empresas extranjeras, sobre todo de Estados Unidos y América Latina.

Aunque la tendencia de crecimiento del Venture Capital parece haberse ralentizado a causa de la pandemia de Covid-19, sobre todo en el número de acuerdos de inversión, los montos de estas transacciones son cada vez mayores.

Panorama de la inversión de impacto

El reporte Growing Impact: New Insights into the Practice of Impact Investing, elaborado por la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), miembro del Grupo Banco Mundial,  establece que el tamaño de mercado de la inversión de impacto alcanzó los USD 2.1 billones a nivel mundial.

De acuerdo con el reporte, la inversión de impacto continúa en crecimiento a pesar de la volatilidad del mercado causada por el Covid-19. Las tres regiones que más atraen el apetito de los inversionistas de impacto son África Subsahariana, América Latina y el Caribe, y el sudeste asiático.

El reporte indica que Latinoamérica es la candidata perfecta para atraer inversiones comprometidas con el desarrollo, la sostenibilidad y la equidad de género. No es que la rentabilidad haya dejado de ser un factor clave para las nuevas generaciones, sino que el criterio para seleccionar los proyectos donde se busca el retorno de inversión se ha transformado gracias a una creciente conciencia de que no puede haber una sociedad exitosa sin un planeta exitoso.

Las inversiones concentradas exclusivamente en generar ingresos enfrentan una resistencia social cada vez más fuerte por múltiples grupos de interés. No sorprende, entonces, que el concepto de inversión de impacto haya cobrado una enorme relevancia en años recientes. Una inversión de impacto concilia la intención de producir impactos sociales, económicos y ambientales que sean positivos y medibles con conceptos como ganancias y rentabilidad financiera. La inversión de impacto trasciende el mero compromiso de gestionar riesgos: su meta es aprovechar el poder de la inversión para generar beneficios para la humanidad en su conjunto.

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