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La contaminación generada por los desechos de plástico es una grave problemática que afecta la vida de los ecosistemas a nivel mundial. Y aunque algunos gobiernos locales han realizado importantes esfuerzos con el fin de mitigar este fenómeno, resulta que no es suficiente si no se cuenta con la conciencia y el compromiso de las personas para generar un cambio trascendental.

Esta problemática preocupó hace algunos años a Kevin Kumala, un joven de Indonesia que tras permanecer por un largo tiempo viviendo en los Estados Unidos, al regresar a su natal Bali, una ciudad que ha sido internacionalmente destacada como un “paraíso tropical de playas de arena blanca”, se encontró con la terrible sorpresa de que en las paradisíacas playas de su ciudad, los residuos, en su mayoría plásticos, se estaban acumulando y amontonando en montañas de desechos.

Este joven, que es biólogo, decidió no ser indiferente a tan alarmante realidad y se propuso hacer algo que verdaderamente aportara una solución lo antes posible, así que centró todos sus esfuerzos y conocimientos en buscar un reemplazo para las bolsas y los plásticos de un solo uso, ya que este tipo de materiales pueden tardar en degradarse cientos de años. Además, cada año que pasa, suma y sigue sumando, por lo que se calcula que el consumo anual de bolsas de plástico en todo el mundo ascenderá al billón de unidades.

Kumala encontró la respuesta a lo que estaba buscando en un tubérculo tan tradicional y abundante en esa región del mundo como lo es “La Yuca” y fue así como en el año 2.014 nació Avani. Usando el almidón de este alimento, el biólogo replicó el proceso que se emplea para fabricar bolsas de plástico, incluso utilizando las mismas herramientas: una máquina de moldeo por soplado, una máquina de corte y una máquina de sellado.

Las bolsas elaboradas por esta compañía son tan resistentes como cualquier bolsa de plástico convencional y pueden convertirse en compost en menos de 100 días, y no solo eso, lo más novedoso y que las hace diferentes de cualquier otra bolsa de plástico biodegradable que exista en el mercado, es que estas se diluyen en el agua caliente en tan solo minutos y se pueden consumir tranquilamente, ya que no contienen ningún material tóxico en su elaboración, lo que las convierte en una excelente alternativa para ser reutilizadas quizás como una bebida, por su alto contenido de almidón de yuca, o porque no, para alimentar a los peces.

Adicional a las novedosas bolsas de plástico que se diluyen en el agua, Avani también fabrica y comercializa alternativas sostenibles a los envases de bebidas convencionales y a los cubiertos de plástico, además de pajitas hechas a base de almidón de maíz y otros productos como recipientes desechables para comida hechos de caña de azúcar. Al igual que sus hermanas mayores, estos otros productos también se biodegradan rápido y no dejan residuos tóxicos.

Cada bolsa se vende con un mensaje impreso en mayúsculas que dice: “NO SOY PLÁSTICO”. El precio de cada una de ellas en el mercado es de cinco centavos de dólar, más del doble de lo que costaría una bolsa de plástico convencional, pero si miramos el beneficio que representa su uso para los ecosistemas marinos y los ecosistemas en general, es un costo que vale la pena pagar, de lo contrario, este será un costo mucho menor que el que tendrá que pagar la humanidad si no implementa una solución ¡ya!

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