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De acuerdo con el reporte elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la Universidad Cornell y el INSEAD, el Covid-19 está impulsando un aumento a largo plazo de la innovación en todo el mundo, pero cuestiona el aspecto de las repercusiones económicas y los paquetes de financiación que están destinando los diferentes gobiernos para mitigar el impacto de la pandemia, lo cual tendrá consecuencias en las empresas emergentes, el capital riesgo y otras fuentes tradicionales de financiación de la innovación.

Francis Gurry, Director General de la OMPI, explicó que la rápida propagación mundial del coronavirus requiere una nueva forma de pensar para alcanzar una victoria compartida ante este desafío mundial sin precedentes. A pesar de la necesidad de responder a los efectos inmediatos que la pandemia de Covid-19 tiene sobre las personas y la economía, los gobiernos deben velar porque los paquetes de rescate estén orientados al futuro y destinados a las personas, los institutos de investigación, las empresas y otras entidades con ideas innovadoras y colaborativas con miras a la era postpandemia.

El documento aconseja que en las próximas rondas de medidas de apoyo se debe priorizar y ampliar el respaldo a la innovación, en particular respecto de las empresas más pequeñas y las empresas emergentes que tienen dificultades para acceder a los paquetes de rescate.

El Índice Mundial de Innovación clasifica los resultados de la innovación de 128 países y economías de distintas regiones del mundo, sobre la base de 82 indicadores.

En su correspondiente clasificación anual de las economías del mundo en cuanto a capacidad y producción en materia de innovación, el índice muestra una estabilidad interanual en los primeros puestos (Suiza, Suecia, Estados Unidos, Reino Unido y Holanda siguen estando en el top de la lista) pero también un desplazamiento gradual hacia Oriente de los polos de innovación, ya que un grupo de economías asiáticas, en particular China, Filipinas, India y Vietnam, han progresado considerablemente en la clasificación con el paso de los años.

Las economías con mejores resultados en el índice siguen siendo casi exclusivamente del grupo de ingresos altos, mientras que China, que aparece en el puesto 14, sigue siendo la única economía de ingresos medios que figura entre los 30 primeros puestos del Índice. La India, en el puesto 48, y Filipinas en el 50, se sitúan entre los 50 primeros puestos por primera vez. Filipinas alcanza su mejor clasificación, ya que en el 2014 estaba en el puesto 100.

Panorama de innovación en América Latina

El estudio revela que América Latina continúa siendo una región con desequilibrios importantes en materia de innovación. El informe de esta edición resalta que las inversiones públicas y privadas en investigación y desarrollo son bajas, y que el uso de sistemas de propiedad intelectual sigue siendo incipiente. Prueba de ello es que Chile y México, líderes en innovación en la región, no aparecen sino hasta el puesto número 54 y 55 del ranking mundial, respectivamente.

México es uno de los pocos países latinoamericanos que ha logrado mejorar su clasificación con respecto a 2019, cuando ocupó el puesto 56. De hecho, el país azteca destaca a nivel internacional por ser el mayor exportador mundial de bienes creativos, según este estudio.

Entre el cuarto trimestre de 2019 y el primer trimestre de 2020, el recuento de acuerdos en América Latina descendió casi un 60 %. La crisis del Covid-19 está haciendo que los inversionistas locales y globales reconsideren sus estrategias, y aunque todavía se están celebrando acuerdos, muchos están duplicando el apoyo a las compañías de su cartera y evitando nuevos acuerdos.

Las empresas emergentes en América Latina han demostrado una y otra vez su resiliencia a las crisis económicas. Los emprendedores saben cómo sobrevivir y prosperar en tiempos económicos difíciles. De hecho, han florecido centros tecnológicos dinámicos en países como Argentina, Brasil y Colombia a pesar de los períodos de incertidumbre política y económica.

La desaceleración actual está afectando a la inversión en empresas emergentes, independientemente de su ubicación. Sin embargo, podría resultar especialmente perjudicial para los ecosistemas de empresas emergentes más pequeños, como los que surgen en Perú, Ecuador y Bolivia.

Las organizaciones que apoyan a las empresas emergentes se enfrentan a sus propios desafíos para mantener sus actividades durante la pandemia, ya sea por falta de fondos o limitaciones técnicas. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) encuestó recientemente a 429 organizaciones que trabajan con ecosistemas empresariales en 18 países latinoamericanos, y dos de cada tres afirmaron haber reducido o interrumpido su trabajo de manera significativa.

Las empresas emergentes en estos ecosistemas menos desarrollados tienen ahora menos recursos y pueden enfrentarse a períodos de recuperación más largos que sus homólogos en los centros tecnológicos más consolidados de la región. La encuesta del BID llegó a más de 2.200 emprendedores en 19 países latinoamericanos para conocer el impacto de la pandemia.

Si bien los encuestados en países como Uruguay, Costa Rica y Chile han constatado un apoyo positivo de la comunidad empresarial, las empresas emergentes en lugares como Bolivia, Ecuador, El Salvador, Honduras y Venezuela señalaron una falta significativa de recursos.

Las comunidades de empresas emergentes en Uruguay y Chile mostraron signos positivos de flexibilidad y actividad continua, pero otras en Bolivia, Ecuador, Perú, Panamá, Guatemala, El Salvador y Venezuela indicaron que se enfrentan a dificultades. Cuando se les preguntó cómo habían respondido a la crisis las organizaciones comunitarias, el 44 % de los emprendedores afirmó que las respuestas fueron lentas e insuficientes, y el 29% dijo que no hubo respuestas.

Las empresas emergentes en los ecosistemas tecnológicos más pequeños e incipientes de América Latina corren un mayor riesgo de perder terreno a medida que disminuyen los recursos y la financiación. Apoyarlas será vital no solo para la recuperación de la región, sino también para proteger el crecimiento extraordinario que se ha logrado hasta ahora.

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