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La motivación no tiene que ver con los ánimos que nos inculquen dentro de las organizaciones para hacer nuestro trabajo. La motivación tiene que ver con los motivos que nos impulsan día a día a hacerlo.

Es algo que nace de nuestro interior y no necesariamente obedece a factores externos que van mas allá de nuestras propias metas.

Este concepto es uno de los tópicos del “management” más malinterpretados y peor aplicados en el ámbito de los negocios y del desarrollo profesional. Si quieres mantenerte motivado, identifica cuales son realmente tus objetivos y establece metas, compite y compárate con los mejores para lograr ser el profesional que tanto quieres.

Aquí te compartimos algunas técnicas que te serán de utilidad a la hora de mantener la motivación en alto:

  1. Fabrica tu motivación marcando metas:

Define objetivos claros y medibles que te permitan percibir los resultados.

Una persona que no se propone objetivos o metas profesionales, es una persona desmotivada y desanimada. Generalmente todo lo que logramos en los ámbitos de nuestra vida “lo conseguimos porque nos lo proponemos”. Si planificas y estableces metas alcanzables y concretas, vas a obtener mayor motivación.

Uno de los primeros pasos a seguir en un proceso de “coaching” es animar a que los participantes definan y encuentren objetivos alcanzables que los reten y los motiven. Ese es el primer paso.

  1. Interioriza la motivación:

Por lo general optamos por creer que existe una motivación interna, que nos surge desde adentro y va alineada con nuestra naturaleza; y otra externa que es impuesta por factores ajenos a nuestra persona. Pero ambas tienen el mismo origen: “las experiencias que tenemos en el exterior”, lo que pasa es que no somos conscientes de cómo esas experiencias generan o cambian nuestras motivaciones.

Somos más conscientes de nuestros motivadores negativos que de los positivos. Tenemos más presente en nuestros pensamientos aquello que no nos gusta y en ocasiones actuamos bajo la motivación negativa de que hacemos cosas para no estar peor o para evitar problemas.

Si quieres sentir la motivación positiva para conseguir los objetivos que te propones, además del dinero, organiza tus ideas para que esa motivación crezca. Se trata de encontrar aquellas actividades que se ajustan a tus intereses y disfrutas más allá de la rentabilidad que te generen. Si das un vistazo atrás y das un repaso a tu vida encontrarás las experiencias que hicieron crecer en ti tus motivaciones actuales.

Por otro lado, las experiencias que eliges vivir ahora también te ayudarán a crear nuevos intereses. Cada día puedes descubrir nuevos propósitos y desarrollar motivaciones nuevas.

  1. Mantén las ganas de estar motivado:

Si no tienes motivación para planificar y conseguir tus metas, en algún momento tendrás que encontrarla para enfrentar los problemas que se te presenten en el futuro. Muchas personas que viven un período de bonanza o de tranquilidad profesional, que tienen un empleo o una actividad profesional satisfactorias, no perciben ningún problema y no sienten la motivación de mejorar en el presente y de planificar el futuro.

Esas mismas personas, cuando pasan a estar en crisis porque han perdido el empleo o han sufrido un revés profesional, no tienen tiempo ni motivación para pensar en el largo plazo, sólo para sobrevivir.

¿Has sentido que quieres hacer algo pero no estás lo suficientemente motivado para hacerlo?

Eso le suele pasar a un gran número de personas, sin embargo, no hay que exigirnos sentir motivación, simplemente lo que debemos hacer es seguir en la búsqueda de aquellos factores que nos impulsen a hacerlo.

La clave es ocuparnos activamente de nuestras tareas, con o sin ganas, la pasión y el interés surgirán de la propia actividad. De la inactividad sólo puede surgir más inactividad.

Si en este momento no tienes ganas de continuar con las tareas que tienes previstas, en lugar de abandonar, podrías dedicarte a otras actividades más agradables o menos exigentes pero también relacionadas con tu meta. La clave es mantenerte ocupado y con la voluntad de hacer las cosas: “puedo seguir haciendo lo que debo incluso cuando no siento las ganas”.

No esperes a que te llegue la motivación para actuar, ponte a hacer lo que harías si tuvieras esa motivación. Si piensas o sientes que no tienes ganas de trabajar, tal vez trabajando te entren esas ganas.

Si no te sientes motivado para perseguir un objetivo, tal vez deberías buscar objetivos alternativos. Si tienes que “obligarte” a perseguir tu objetivo, tal vez deberías preguntarte si has elegido un objetivo equivocado.

  1. Constancia:

Tus objetivos deben estar alineados con tu disposición. Algunos profesionales están dispuestos a ampliar su zona de confort, mientras que otros no se sienten motivados para cambiar o crecer. Quieren ser grandes profesionales pero no están dispuestos a dedicar los años necesarios para conseguirlo.

Tal vez las motivaciones cambien en el futuro, pero las que tenemos ahora son las que nos mueven. Los intereses profesionales varían y lo que hoy no queremos tal vez mañana sea lo que estábamos buscando, y al contrario.

Es importante recordar que la consecución de determinados objetivos puede exigir una inversión mínima “no negociable”. En algunos casos, si sólo estás dispuesto “en un cincuenta por ciento” a pagar el precio, tal vez tendrás también la mitad de posibilidades o menos de tener éxito. Y en otros escenarios no tendrás ninguna posibilidad a menos que subas esa dedicación.

Si algo no te motiva, posiblemente es que no le has dedicado el tiempo suficiente. Te puede interesar cualquier cosa si le das una oportunidad.

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