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En las bolsas de Nueva York y Canadá ya cotizan más de 200 empresas relacionadas con el cannabis con un valor bursátil de más de USD 70.000 millones. Y son ya 44 los países que tienen algún tipo de regulación en torno a la planta.

La carrera de esta nueva industria, o mejor dicho de una industria que está saliendo del lado oscuro, ha cogido una velocidad de vértigo en los dos últimos años. El panorama mundial está mutando del narco con sicarios a la multinacional con fondos de inversión, de la plantación en lugares escondidos a las granjas con medidas fitosanitarias, de alimentar las cuentas bancarias de mafias a generar ingresos públicos, para colocarse en un catálogo sin fin de aceites, cosméticos, fármacos, bebidas y, por supuesto, una enorme variedad de tipos de marihuana para consumo medicinal o recreativo.

En mayo, el Estado de Colorado batió su propio récord de ventas: desde inicio de año ha facturado USD 770 millones que han reportado a las arcas públicas USD 167 millones, en lo que las autoridades han denominado “un antídoto contra la recesión de la Covid”.

Italia legalizó a finales del año pasado la venta de cannabis “light”, aquel que contiene un máximo de 0,5 de tetrahidrocannabinol (THC), su principal sustancia psicoactiva.

En este contexto, países como Uruguay o Colombia se sirven de sus buenas temperaturas y tierras para asaltar el mundo de la exportación de cannabis medicinal y Cannabidiol (CBD), el compuesto usado para calmar dolores y otros fines terapéuticos, alimenticios o cosméticos, con la ayuda de grandes capitales que vienen de Estados Unidos y Canadá. En este último, tan solo dos años después de la legalización, sus ya multinacionales de la marihuana se han convertido en los big players de la industria mundial. Tienen sus tentáculos en todo país con previsiones de legalizar alguno de sus usos en el corto plazo

El cannabis legal está a la vanguardia en cuanto a la satisfacción de un amplio espectro de necesidades de bienestar mental, específicamente la mejora del estado de ánimo, utilizando diferentes cepas de un solo ingrediente. Euromonitor International señala que el mercado legal global para el cannabis alcanzará ventas por 166.000 millones para el 2025.

Presumiblemente, esta industria dinámica y controversial liderará el camino para que otros productos de consumo se posicionen de manera similar con base en sus resultados.

Panorama del mercado de cannabis en Latinoamérica

Uruguay ha recorrido un camino regulatorio disruptivo a nivel internacional, donde solo algunos pocos países adicionales han conseguido avanzar en la materia, y en la actualidad se encuentra construyendo una política de Estado.

Según datos del Instituto de Regulación y Control del Cannabis de Uruguay, al cierre de julio de 2020 había 42 licencias para proyectos de cultivos no psicoactivos (cáñamo), nueve proyectos de cultivos psicoactivos y nueve proyectos de industrialización. En 2019 se registraron las primeras exportaciones del sector. La más relevante fue un envío de flores que superó los USD 3.200 millones.

No obstante, no todo es color de rosa para la industria. Desde sus comienzos en Uruguay, se ha encontrado con un obstáculo hasta ahora sin resolver. La negación de los bancos a operar con empresas que se dediquen al cultivo, la producción, la industrialización y la comercialización de cannabis, por asimilarse a operaciones de narcotráfico y lavado de activos.

Las empresas del sector han manifestado que en nuestros tiempos, este obstáculo no es menor, y se debería avanzar en regulación clara, y a nivel comercial generar determinados “corredores financieros” que validen a quienes se dedican a esta actividad.

Por su parte, el Gobierno de Colombia declaró como Proyecto de Interés Nacional y Estratégico (PINE) a varias empresas de cannabis, principalmente medicinal. Con este estatus de prioridad, se podrá acelera la ejecución de los proyectos estratégicos y los procesos de regulación en el país.

Al recibir esta categoría, reciben apoyo inmediato del gobierno colombiano en reconocimiento a su contribución económica e importancia para la nación. Específicamente, esto refleja el apoyo estructural y en políticas del gobierno, para el progreso de la industria, y un compromiso para simplificar la toma de decisiones del gobierno y eliminar los obstáculos burocráticos.

Directivos del Laboratorio Avicanna, dedicado a investigación y desarrollo de cannabis en el centro del país, manifestaron que este es un gran avance en el marco regulatorio, y señalaron que “Colombia ahora no solo tiene las condiciones climatológicas y un marco regulatorio desarrollado, sino que también cuenta con la capacidad operativa para suministrar productos de cannabis a los mercados locales y extranjeros”.

De otro lado, Julián Wilches, director de Asuntos Corporativos y Regulatorios de Clever Leaves, cree que “Colombia tiene el reto de no ser el productor, sino ser donde se genera el valor agregado. Es decir, de convertirse en realidad en un centro de conocimiento en investigación, innovación y desarrollo en el tema del cannabis medicinal”.

Finalmente, el Invima dio aprobación al primer medicamento a base de cannabis, desarrollado por la empresa Procaps, basada en Barranquilla, que podrá usarse en tratamiento de pacientes que padecen de epilepsia refractaria. La planta de Procaps en Barranquilla es la única en América Latina certificada para exportar el fármaco, incluyendo una certificación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés).

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